Tome lo que escribo como un cuento de ciencia ficción: léalo con gusto, dúdelo con método y, al final, decida usted.

Empiezo por un dato que cualquiera puede comprobar. El 11 de septiembre de 1990, ante una sesión conjunta del Congreso de los Estados Unidos, el presidente George H. W. Bush habló de la crisis del Golfo Pérsico y pronunció una frase que después repetiría decenas de veces: "un nuevo orden mundial". Sus palabras, conservadas en el archivo del Miller Center y en la prensa de la época, definían ese orden como "una nueva era, más libre de la amenaza del terror, más fuerte en la búsqueda de la justicia y más segura en la búsqueda de la paz". La frase está documentada y el video sigue disponible. Hasta aquí, historia.

Sigo encadenando indicios verificables. Hay foros donde los poderosos del mundo conversan lejos de las cámaras. El Foro Económico Mundial, fundado por Klaus Schwab en 1971, reúne cada año en Davos (Suiza) a jefes de Estado, banqueros y dueños de grandes empresas. El grupo Bilderberg, activo desde 1954, va más lejos: sesiona bajo la llamada regla de Chatham House, sin actas públicas, sin comunicados, sin prensa adentro. Su propio sitio oficial lo dice con todas las letras: los participantes intervienen "a título individual" y nada de lo que allí se afirma puede atribuirse a quien lo dijo. Reuniones reales y secreto real, admitido por los mismos organizadores.

Agrego el indicio más reciente. En junio de 2020, con el mundo detenido por la pandemia, el Foro Económico Mundial lanzó un proyecto con un nombre que parece salido de mi cuento: "The Great Reset", el Gran Reinicio. La presentación, fechada el 3 de junio, vino acompañada por un mensaje en video del entonces príncipe Carlos. Schwab y el economista Thierry Malleret publicaron ese mismo año un libro con el plan. No es un rumor de pasillo: es una iniciativa con sitio web, con libro y con autores que la firman.

Ahora, el método. Note usted lo que tengo y lo que no tengo. Tengo una frase presidencial, cumbres que sesionan a puertas cerradas y un proyecto llamado Gran Reinicio. No tengo, en ningún documento, la prueba de que esos hechos sean capítulos de un mismo plan secreto dirigido por una sociedad oculta. Esa parte, la de los Illuminati que moverían los hilos del mundo, vive en las novelas, en el cine y en los foros de internet. El salto del dato a la conspiración lo agrega el lector; el archivo no lo contiene.

Y sin embargo, el cuento insiste y a mí me cuesta soltarlo. ¿Por qué los mismos hombres que fijan el precio del dinero prefieren conversar sin testigos? ¿Por qué una frase tan enorme, "un nuevo orden mundial", se pronuncia tantas veces y se explica tan poco? No tengo la respuesta, y desconfío de quien jure tenerla. Le dejo las fuentes con nombre y con fecha para que arme su propia hipótesis.

Tome lo que acaba de leer como se lo prometí al principio. Los discursos existen, las cumbres sesionan, el Gran Reinicio tiene quien lo firme. La sociedad secreta que los gobierna a todos, esa, por ahora, sigue perteneciendo al género que más quiero: la ciencia ficción. Dúdelo con método. Al final, decida usted.