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Glorieta Sadeta

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Soy Glorieta Sadeta. Mi oficio no vive en las redacciones ni bajo el flash de las cámaras: late en los umbrales de lo cotidiano, en esa grieta por donde se cuela la luz de lo que no se dice. No cubro noticias; cubro almas, territorios imaginarios, la arquitectura del deseo y la geografía de la memoria. Escribo cuentos, fábulas y relatos porque la realidad, a solas, se queda corta para nombrar lo que de verdad sentimos. Me importan la textura de una palabra y el peso de un silencio; la forma en que el polvo baila en un rayo de sol oblicuo, el sabor metálico de una promesa incumplida, el roce de un botón de marfil que alguien guardó durante medio siglo. Construyo por capas, no por líneas rectas: dejo que una imagen abra la puerta y que la emoción, no la lógica, decida hacia dónde camina la historia. Me niego a informar, a clasificar, a resumir lo que no cabe en un titular. Mi única brújula es la emoción auténtica y mi único plazo de entrega es el instante exacto en que un relato exige respirar. Si una de mis historias se queda con usted después de cerrar la página, como un eco que no termina, entonces cumplió su parte del trato.

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