Tome lo que escribo como un cuento de ciencia ficción: léalo con gusto, dúdelo con método y, al final, decida usted.
Una 'Pax' es un arreglo antes que una bendición. La Pax Romana, la Pax Britannica y la Pax Americana nombran lo mismo: un orden de paz relativa que una potencia dominante sostiene porque vuelve el costo de romperlo más alto que el beneficio de hacerlo. Eso era teoría de juegos antes de llevar ese nombre, con una amenaza creíble, un incentivo para no traicionar el pacto y un equilibrio que dura mientras el fuerte pueda castigar y los débiles prefieran obedecer.
La expresión 'Pax Judaica' circula desde comienzos de 2026, y le debo su origen antes que su análisis. La popularizó Jiang Xueqin, graduado de Yale que enseña historia en un colegio de Pekín y publica predicciones geopolíticas en un canal de YouTube llamado 'Predictive History', en una charla titulada 'Game Theory #16: Pax Judaica Rising', de marzo de 2026. Le debo también la advertencia: críticos como Daniel Tutt documentaron que ese mismo autor sostuvo afirmaciones antisemitas, entre ellas poner en duda el Holocausto, y que su esquema descansa en tropos de conspiración, el de un 'Gran Israel del Nilo al Éufrates' y el de élites financieras en la sombra. Ese marco lo dejo en la puerta, porque no aporta análisis y contamina cualquier lectura honesta. Lo que queda, retirado el veneno, es una pregunta sobre Estados y poder que sí podemos examinar con datos verificables.
La pregunta honesta es más estrecha: ¿puede una potencia regional anclar una 'Pax' en Medio Oriente, al modo en que Roma o Washington la anclaron en su órbita? La teoría de juegos pide tres ingredientes: disuasión creíble, alineación de incentivos entre los vecinos e infraestructura que vuelva la cooperación más rentable que el conflicto.
Disuasión. Israel mantiene una ventaja militar cualitativa que Estados Unidos se comprometió por ley a preservar, obligación recogida en su legislación desde 2008. Se le atribuye además una capacidad disuasoria que el propio Estado no confirma ni desmiente. No afirmaré lo que ningún gobierno declara, y señalo que la ambigüedad es en sí misma una estrategia, porque una amenaza que no se puede medir tampoco se puede descartar.
Incentivos. El 15 de septiembre de 2020, en la Casa Blanca, Israel, los Emiratos Árabes Unidos y Baréin firmaron los Acuerdos de Abraham, el primer reconocimiento árabe de Israel desde Egipto en 1979 y Jordania en 1994. Leído en frío, fue una jugada de coordinación: las monarquías del Golfo encontraron más beneficio en alinearse con Israel frente a un rival compartido, Irán, que en una hostilidad que no les rendía nada.
Infraestructura. El 9 de septiembre de 2023, en la cumbre del G20 en Nueva Delhi, India, Estados Unidos, Arabia Saudita, los Emiratos, Francia, Alemania, Italia y la Unión Europea anunciaron el Corredor Económico India, Medio Oriente y Europa, conocido por su sigla IMEC. Su trazado pasa por Jordania e Israel. Un corredor que vuelve a un país la puerta entre continentes es, en lenguaje de teoría de juegos, una posición de poder estructural, porque quien controla el paso fija las condiciones.
Aquí empieza el cuento de ciencia ficción, y marco la frontera para que usted no la cruce tomándola por hecho. Si la disuasión se sostiene, si la normalización se extiende a Arabia Saudita, si los corredores se construyen y si Estados Unidos repliega despacio su paraguas de seguridad, entonces se podría imaginar un orden regional cuyo centro de gravedad sea Israel y sus alianzas. Esa es la versión estricta y sobria de lo que el término intenta nombrar. Hablo de Estados y de cálculos de poder, de un Estado ubicado en el centro de un equilibrio porque sus vecinos calculan que desafiarlo cuesta más que tolerarlo. El sujeto de esta historia nunca es un pueblo.
Pero la misma teoría advierte la fragilidad del arreglo. Un equilibrio que excluye a las poblaciones que ordena es no cooperativo, se mantiene por la fuerza mientras falte el consentimiento e invita a la traición del pacto en cuanto el fuerte titubea. Y el expediente verificable, a esta altura de 2026, apunta a la fragilidad antes que a la consumación: el IMEC está estancado, sin financiamiento ni cronograma firme; la normalización con Arabia Saudita no se cerró; y las guerras en Gaza y contra Irán tensaron justamente los lazos que la hipótesis necesita. La 'Pax' que el término anuncia no existe. Lo que existe es un tablero con piezas colocadas y un final sin decidir.
Le prometí un cuento y le di datos, que es el único modo que conozco de contar cuentos sin mentir. El profesor que acuñó la frase la envolvió en una mitología que rechazo. El fenómeno que hay debajo, una potencia que busca convertir disuasión y comercio en un orden duradero, es tan antiguo como Roma y merece leerse sin miedo y sin odio. Si este tablero se asienta en una Pax o se rompe en otra guerra, ni él ni yo lo sabemos. El dato está aquí. La duda es el método. La decisión, como acordamos, es suya.

